suena el despertador
Suena el despertador, mierda, las 6:50, ¿ya? joder, tengo más sueño del que debería (otro día más). Apago el despertador y me quedo tumbado 5 minutos boca arriba con los cojos cerrados intentando no dormirme, hoy lo consigo. Me levanto, me ducho pensando como es posible que tenga tanto sueño, me visto pensando como es posible que la ducha no sea capaz de espabilarme. Valentino, vamos a la calle; paseo de rigor con el perro, que mea y caga como habitualmente. Como siempre, saco la bolsa para recoger la mierda. La recojo, me doy cuenta que una señora que pasea a su perro no lejos de donde estoy me mira con cara de asco. La miro con cara de asco, no soy yo quien deja la mierda en la calle. Vuelvo a casa, desayuno. Tostadas, tostadas apretadas. No tenemos tostador así que uso la sandwichera, el pan queda apretado. Quiero un tostador. Quiero una cocina más grande donde quepa un tostador. La mantequilla esta demasiado dura como para untarla por estar en la nevera. Odio que la mantequilla este demasiado dura. Corto un poco, la pongo en un cuenco y al microondas. Pongo la tele mientras me como las tostadas. Un telediario cualquiera. Ponen la noticia de la niña musulmana a la que expulsaron por llevar el velo. Parece que el otro instituto al que iba a ir cambió las reglas del centro para que la chica en cuestión no pudiera ir con el velo. Hijos de puta. Parece que ya está apuntada en otro instituto de pozuelo. La reportera la espera a las puertas del instituto. Yo pienso que me importa una puta mierda la hora a la que llegue la chica en cuestión al instituto y que las “noticias” cada vez son mas rosas, sensacionalistas y menos relevantes. Las tostadas están buenas. Apretadas, pero buenas. El final de cada tostada lo mojo en el vaso de leche, siempre lo hago, me gusta. Me lavo los dientes, me despido de Marta y salgo de casa.
La tele ha dicho que hoy hará más calor así que no he cogido la chaqueta. En mangas cortas, son las 8:10 de la mañana y se está de puta madre en la calle. Pienso que no quiero que llegue el verano demasiado pronto. No me apetece pasar calor ahora mismo. Voy con la mente en blanco hasta que me cruzo con un grupo de niñas que (supongo) van al colegio. El pestazo a colonia/perfume es espectacular. Pienso que así no deberían ni dejarlas salir de casa ni entrar en el colegio. Coincido en el ascensor de bajada al garaje con una madre y lo que parece ser su hija y una compañera de ésta. Las niñas tendrán 13 o 14 años como mucho. Una va maquillada. Pienso que cuando yo tenía esa edad los niños seguíamos siendo niños. Pienso que puede que sea ese el problema, la infancia actual es mucho más corta que la de antes. Entro en el coche, arranco, salgo del garaje y enciendo la radio con los 40 principales sintonizados.
Durante una hora conduzco a medias riéndome con las cosas de la radio a medias pensando en las ganas que tengo de volver a tener una moto para correr en circuito. Pienso en cuanto podrá costar una ninja de 250cc de segunda mano. Pienso que no podrá ser a corto plazo. Fantaseo con volver a entrar a correr al circuito. Fantaseo con comprarme una moto de cross y hacer el cafre en un circuito de tierra. Fantaseo, fantaseo, fantaseo… Llego al trabajo.
Cuando estoy saliendo del coche alguien me pita. Me vuelvo, es un compañero. Aparca justo delante de mi. Lo espero. Lo saludo, me saluda. Caminamos dirección a la oficina. Le cuento sobre las niñas disfrazadas de adultas y sobre la infancia perdida.
Llego a la oficina. Saco del armario mi portátil. Monto todos los cables. Enciendo el ordenador. Suena el teléfono de la mesa; me adelantan la videoconferencia con el cliente una hora. Tengo que estar en la videoconferencia hace 5 minutos. Miento a mi jefa diciendo que salgo ya hacia allá. Abro el correo para ver si ha llegado algún correo de última hora. Empezamos la videoconf. El cliente esta cabreado. Todos tensos. Mal rato. Intento parecer optimista. Terminamos la videoconf. Justo después nos damos cuenta de cosas que podríamos haberle dicho al cliente. Cagada. Vuelvo a mi puesto. Llamo por teléfono a la chica (del cliente) que lleva la parte técnica. Acordamos hacer ciertas pruebas. Arreglo código, pruebo, llamo por teléfono, hacen pruebas.
Arreglo código, pruebo, llamo por teléfono, hacen pruebas.
Arreglo código, pruebo, llamo por teléfono, hacen pruebas.
Arreglo código, pruebo, llamo por teléfono, hacen pruebas.
Tengo la oreja sudada. Odio estar al teléfono en el trabajo. Parece que ya funciona. Hablo con el cliente. Se postponen el resto de las pruebas hasta mañana.
Son las 12:30, no tengo nada que hacer. Miro el correo, miro internet, encuentro una página para escuchar música que funciona en el trabajo; mola.
Suena el teléfono. Es una compañera. Me cuenta que están barajando mi nombre para pringar una semana en su proyecto actual porque ella sale del proyecto y su sustituto no puede entrar hasta una semana después, que es dos días antes de la puesta en producción. Flipo. No me sorprende. En ese departamento se funciona así; mal. Todo mal. Pienso que en ese departamento los proyectos acaban saliendo a pesar de la gente que hay en ellos. Comento la jugada con mi jefe y mi compañero. Volvemos a llegar a la conclusión de que la única ley que rige ahí es la sin razón.
Sigo sin nada que hacer. Sigo navegando. Son las 2. Nos vamos a comer. Crema de espinacas, cinta de lomo empanada con patatas y macedonia de postre. Hoy me apetece un homenaje; cojo una lata de cocacola. Durante la comida mi jefe, mi compañero y yo volvemos a comentar las jugadas del departamento de abajo. Sigue funcionando porque es el que más factura. No me sorprende que lo que salve al departamento es el volumen de negocio que tiene. Pienso en lo injusto que es esta situación para la cantidad de autónomos o empresas pequeñas, medianas o grandes que saben hacer mejor su trabajo. Salimos del comedor. Nos vamos a tomar un café. Comentan de volver a quedar para salir en bici. Digo que ni de puta coña me apunto. Comentamos sobre cómo hacer deporte, el entrenamiento aeróbico, anaeróbico. Hablamos del límite de pulsaciones que no hay que rebasar. Hablamos de la fórmula que sirve para averiguarlo. Hablamos de pulsómetros. Recuerdo cuando hacía remo en el Guadalquivir. Pienso en cuanto lo echo de menos. Pienso en que estoy gordo. Pienso que me gustaría ponerme a hacer deporte. Me acuerdo de que aún no puedo. Aún me duele el huevo. Pienso que tengo que tener paciencia.
Nos subimos a la oficina otra vez. Sigo sin nada que hacer. Suena el teléfono. Es mi jefa de proyecto. Me pregunta unas cosas, se las respondo y cuelgo. Pienso que no me gusta que suene el teléfono cuando estoy escuchando música.
Termino de escribir este post.
