Se veía venir
Hoy he visto algo que ya se veía venir. Últimamente están teniendo bastante éxito y proliferando los programas de animales en la tele. Pelo pico pata, mundo animal, o el perro o yo… y el programa estrella… el encantador de perros de Cesar Millán. El último ha sido el de Malas pulgas, también de Cuatro. Hace poco hacía una entrada en el blog poniendo un artículo sobre éste último programa.
Independientemente de lo que me parezcan estos programas (el de César Millán no es que me apasione precisamente y el de Malas Pulgas me repugna completamente) y de que me gusten más o menos las técnicas de adiestramiento que utilizan hay una cosa que estos señores de la tele deberían prever (pero sabemos por experiencia que lo único que les importa es el share); y esto es que la gente en sus casas van a intentar emular a esos adiestradores que salen por la tele. Van a creer que todo lo que dicen es verdad acerca del trato que hay que darles a los perros y van a utilizar el mismo tipo de técnicas que utilizan estos señores.
¿Y cual es el problema? Pues que hay técnicas de adiestramiento (las de Cesar Millán, por ejemplo) que basándose en el castigo (el típico “Chsss”, el toque con los dos dedos en el cuello del perro o lo de poner al animal panza arriba por la fuerza) que son especialmente difíciles de usar correctamente, Cesar Millán sabe usarlas, nosotros no. Punto.
Bueno… no es tan grave, ¿No? Pues no estaría yo tan seguro; os cuento lo que vi hoy.
Iba paseando con mi perro cuando esperándole a que terminara de oler unas plantas, me doy cuenta que por mi misma acera y unos cuantos metros atrás, caminando en mi dirección, vienen dos chavales, una chica y un chico, de unos 11 – 13 años. La chica, muy normalita, no debería pasar de los 40 kilos de peso. Iba ella paseando un bonito pastor alemán enorme que no debería pesar menos de 45 kilos. Como siempre hago que tengo la ocasión de que mi perro se acerque a otros, me esperé a que llegaran a mi altura para dejar que se saludaran los perros, se olieran, jugaran o hicieran esas cosas que hacen los perros. Cuando veo que el pastor alemán al ver a mi perro pues empieza a intentar llegar más rápido hasta a él. Reacción de la chica que lo llevaba de la correa; tirón de la correa para cogerlo en corto y conforme el perro hace intentos de llegar antes hasta nuestra posición, le va dando ella “toques” mágicos a lo Cesar Millán en el cuello al perro. Primer toque, el perro gira la cara hacia ella rapidamente como diciendo, ¿pero esto que es? Segundo toque, el perro se revuelve abiertamente y la mira fijamente durante un par de segundos (para el que no lo sepa, mirar a los ojos directamente para los perros es gesto intimidatorio/agresivo), ya me lo imagino pensando “no te pases ni un pelo enana”. Tercer toque, le lanza la boca a la mano haciendo un marcaje con los dientes (obviamente sin apretar, afortunadamente la sangre no llegó al rio) a lo que la chica respondió dandole un buen sopapo en el morro. En ese momento ya estaban casi pasando a mi lado.
En ese momento se me pusieron los pelos de punta, literalmente. No hace falta decir que lo que hice fue dejarlos pasar y seguir con mi perro en otra dirección.
¿Dónde está el problema en todo esto? “Es que mi perro no tiene que lanzarme la boca, ni mordiendo flojito ni sin apretar ni nada.” Y es verdad, no debería, pero tampoco hace falta tocarle los cojones para poder darle el premio al autocontrol máximo. En condiciones normales y si el perro esta medio equilibrado, la sangre nunca llegará al rio.
Pongamos una situación hipotética. Has discutido con tu pareja. Te acuestas de mala leche. Te despiertas aún de mala leche y te das cuenta de que te has quedado dormido; perfecto. Te levantas corriendo, te duchas cagando leches, no desayunas y te vas al trabajo. Pero al llegar al coche te das cuenta de que te lo han rayado a base de bien. Llegas al curro y tienes varias discusiones, una con tu jefe en la que os tienen casi que separar. Te vas a casa, y de camino se te pincha una rueda. Cambiandola te ven unos imbeciles y empiezan a hacer bromas y a tocarte los cojones, te encaras y acabas partiéndole la cara algunos de ellos.
Pero si nunca le habías pegado a nadie, nunca te habías metido con nadie. ¿Eres un tio agresivo? Yo diría que no. ¿Volverías a hacerlo? en unas circunstancias similares, probablemente si. Con los perros pasa exactamente lo mismo.
Cesar Millán tiene la habilidad de leer a los perros; sabe en que estado se encuentran antes de acercarse; nosotros, generalmente, no. Cesar Millán no se metería con un perro que está apunto de explotar (las razones, imaginaos algo parecido a la historia anterior pero desde el punto de vista del perro) porque este tipo sabría darse cuenta de que el perro está en ese estado.
Nosotros, si usamos esas técnicas sin los conocimientos que hacen falta para usarlas correctamente (y el que las tenga es de adiestrador profesional para arriba, lo que no implica que todos los adiestradores profesionales las tengan) probablemente lo que estemos es jugando a armar una bomba de relojería.
Un día ese perro tendrá un mal día, en los paseos de ese día le tocarán los cojones más de la cuenta, y morderá sin avisar, sin avisar porque cada vez que amenazo gruñendo se le castigo, así que aprendió a no avisar gruñendo, sin avisar porque aprendió que cada vez que avisaba lanzando la boca sin apretar, haciendo un marcaje, se le castigo por ello, así que aprendió a no avisar marcando. Y morderá, y todo el mundo dirá, pero si era un buen perro, nunca fue agresivo, no sabemos como ha ocurrido. Y dependiendo de los dueños, se le matará o no; si ocurriera con la chica que lo llevaba de paseo, lo más probable es que si que lo maten. Porque lo que puede hacer un pastor aleman con mala leche de 45 kilos con una niña de 40 es… ni pensarlo quiero.
Por eso no me gustan esos programas. Porque enseñan a hacer las cosas mal. No me gustan esas técnicas, por lo que implican usándolas bien usadas, y por lo difícil de usarlas correctamente. Y yo por eso, no las uso.
Y ahora una pregunta; ¿Culparíais al perro de la historia? ¿Y al tipo de la historia? Creo que mi respuesta está bien clara.






