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No puedo quejarme, las cosas como son. No tengo nada grave pero por la operación de riñón que tengo hecha desde 2003 cada vez que tengo algo que tenga que ver con la función renal pues toman más precauciones de lo habitual.

Y no me quejo, ojalá todo lo malo que me pase sea esto, que a la larga se cura con antibióticos, paracetamol y reposo.

El problema viene que entrar a urgencias implica esperar. Esperar muchas horas. Cuando aún no te han pasado a una cama pues toca esperar en alguna de las múltiples salas de espera que hay dentro de urgencias a que alguien con bata diga tú nombre. Y es ahí donde personalmente paso los peores ratos. Las historias de urgencias.

La pobre mujer que con 35 años (aprox) me contaba que se había ido de casa porque necesitaba libertad. Que su madre estaba enfadaba con ella por haberse ido sin tener ningún sitio donde vivir. Que le daban ataques y compraba lo primero que se le pasaba por delante, y es que iba la mujer con dos macutos enormes; “todo esto lo he comprado yo” me dijo orgullosa al principio. Me contó que ella bebía para entretener a la gente y que no era drogadicta aunque dijo que estaba así de gorda por la bebida y las pastillas. Al final contaba con arrepentimiento en la voz que libertad no era llevar las bragas en el macuto y estar hecha una guarra por no poderse duchar (y es que olía mal la pobre mujer). Me decía también que no entendía a los hombres, que ella había estado con muchos hombres, pero que ninguno se había quedado con ella; que después de follar se iban, que sólo la querían para eso. Me dijo al final que seguramente se moriría sin saber que es la libertad.

O la abuela de 80 o 90 años que llorando del dolor le decía a su también llorosa hija que lo mejor que podía hacer era irse a su casa y morirse allí, que ella no quería morirse en el hospital, que ella quería irse a su casa y que la dejaran en paz. Muy triste.

O el preso esposado que llevaban dos policías, que iba cagandose en todo y en todos y pegando voces. Voces a las que respondió un abuelo diciendo “una hostia bien dada y verás como se le quitan las ganas de seguir con tonterías”.

Luego le dan a uno una cama y pasa a observación. Y entonces llega el aburrimiento. Y con el aburrimiento le da a uno por pensar cosas.

Cosas que no debería pensar. Acerca de los planes de vida que tiene montado cada uno en su cabeza. Pensar cosas que no hacen mas que desmontar esos planes no está bien.

Ya hablaremos largo y tendido de esas cosas.

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no están bien??

05/06/2010 13:12

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