y yo, y más concretamente, mi cabeza, también. Y no hablo de tener un digno cabezón, que también.
Se juntan demasiadas cosas. Demasiadas cosas en que pensar. Demasiadas preocupaciones; autocreadas o no, pero demasiadas.
Las consecuencias: El carácter; agriado. El ánimo; en picado. Tolerancia a gilipolleces; mínima. Y problemas para dormir. Hacía mucho que nada me quitaba el sueño.
Ayer tuve la que creo que ha sido la pesadilla más real que he tenido nunca. No fue la peor ni la más angustiante pero ¿la más real? sin ninguna duda. Fue la primera vez que una vez despierto tuve que salir de la cama para asegurarme que había sido una pesadilla. Bastante desagradable esa sensación de ese instante en el que no sabes si era un sueño o no. Muy desagradable.
Todavía no ha entrado el verano y ya estoy deseando que se acabe. Que cosas.
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