Esta semana volvimos a retomar el rollo de los viajes “difunde-la-palabra” en el curro después del parón veraniego. La verdad es que miraba la vuelta de los viajes con bastante pereza en el cuerpo… no me apetecía nada, para que vamos a engañarnos; viajar siempre solo, ir un día por la noche para volver el siguiente despues de haber dado el curso… siempre solo y sin tiempo para hacer nada de turismo (aunque sea un poco).
Quizás este viaje ha sido algo distinto, para empezar la ida fui completamente sopa en el tren (se me acabó el rollo, a partir de ahora toca ir en avión), lo cual acorta bastante el viaje. Llegue al hotel hacia las 11 y pico con el tiempo justo de darme una ducha, leer un poco y acostarme.
El curso fue bien; como siempre, pero estuve hablando con uno de los asistentes, de hecho comí con él. Conversación centrada casi por entero en el mundo del trabajo como informático, el autónomo y el ser emprendedor. Muy interesante y muy provechosa conversación con alguien que ya lleva bastante tiempo yendo por su cuenta. La experiencia es un grado, y de los grados ajenos se puede aprender, o eso quiero creer.
La vuelta en tren fue bastante bien, por primera vez en mi vida hice algo que nunca antes podía haber hecho; leer en un medio de transporte, hasta este momento siempre me había mareado rapidísimamente pero esta vez fui todo el viaje de vuelta leyendo, cosa la mar de instructiva.
Incluso la vuelta desde atocha a casa en taxi fue de lujo. Me recogió una taxista colombiana que podría tener mi edad. Sinceramente, ojalá todos los taxistas tuvieran la misma actitud y condujeran de la misma manera. Una conversación bastante agradable con la chica en cuestión acerca del ritmo de vida que se lleva en madrid, de lo parecidos que somos en algunas cosas los sudamericanos y los andaluces y también sobre el precio de la vivienda. Radicalmente distinto al taxi de ida, que parecía el hombre que en vez de pedales de freno y acelerador tuviera las caras de sus peores enemigos; no tocaba los pedales si no era a patadas; con el estomago revuelto que llegué a la estación. Nada que ver…
Seguramente se me olvidan muchas cosas que quería comentar, pero este me parece un buen punto para acabar este post.
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