Y yá está aquí el verano, que ya puede ser el solsticio de verano el día que le de la gana (21 de Junio normalmente), que “verano” han sido siempre, son, y serán los meses de Junio, Julio y Agosto. Y punto pelota.
Para empezar a hacer eco de la entrada del verano ya he relegado al armario la chaqueta de la moto que venía usando para empezar a usar la de veranito.
Y es que es en verano cuando suelo estar de mejor humor; me gusta el calor, tolero el frio, pero el calor me gusta, me encuentro agusto con el, así me pasa, que me miran con cara de loco cuando digo que prefiero estar a 35 grados que a 10… Esta vez, quizás tengan que ver también alguna que otra cosilla más además de la llegada del calorcito.
Para empezar, la llegada del chucho me ha venido bien, me hacía y me hace muchísima ilusión. Jugar con el bicho me pone de buen humor a pesar de que sea un generador de materia fecal y meadas varias (pero varias muchas eh!?). Y es que aun es demasiado chico y no podemos sacarlo a la calle hasta que tenga todas las vacunas puestas. Todo llegará.
El otro punto importante ha sido simplemente de un cambio que se ha dado en mi persona. Digamos que he comprendido que esto no es para mi; mi trabajo, el trabajo de esclavo picateclas, el trabajo de informático en cualquier empresa cárnica del sector. La informática me gusta, me encanta, pero así no. Una vez entendido de que en algún momento cambiaré de profesión y que lo que tengo que hacer es conseguir algún tipo de formación en algo (ya veremos en qué) creo que soy algo mas feliz. Es triste que esto sea así, pero el hecho de verme currando en este tipo de empresa hasta la jubilación… me agobiaba.
Así que con el verano llegan nuevos puntos de vista; nuevos, mejores, y más alegres. Siempre nos quedará la esperanza, al menos mientras tengamos la suficiente fuerza como para arrastrarla con nosotros.
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